Los fantasmas entre nosotros capítulo 1

Por fin, después de aaaaños trabajando en esta historia, ¡Ya está disponible en Amazon Los fantasmas entre nosotros! (suenan fanfarrias 🥳).

Y aquí te traigo de regalo el capítulo 1 de esta nueva novela romántica, que si la lees, espero que te guste mucho 💕. Pero primero, un poco de antecendentes.

Mi novela romántica anterior más reciente, No soy tan fuerte, la publiqué en febrero del 2022, ¡hace tres años y medio! El primer borrador de Los fantasmas entre nosotros lo terminé en 2023, y desde entonces he estado puliendo el manuscrito hasta hace unos meses, sudando lágrimas de sangre y pariendo chayotes, porque mi idea original era que fuera una novela corta 😅 (ilusa de mí). Pero mi «pequeña subtrama» de fantasmas fue creciendo, y terminé con una novela de más de 400 páginas 🙃.

Lo bueno es que estoy muy contenta con el resultado. Lo malo es que me tardé una eternidad entre una novela y otra. En fin, por lo pronto, me propongo que mis próximas historias SÍ sean cortas. Al menos, bastante más cortas que Los fantasmas entre nosotros.

¿Cómo surgió la idea de esta novela romántica con fantasmas? Pues la semilla brotó hace más de diez años, por allá de 2013, cuando publiqué en la revista en que trabajaba un texto que titulé El pecado de ser Cougar (puedes leerla aquí). Desde entonces, me ha fascinado el tema del doble estándar para juzgar a hombres y mujeres que se emparejan con personas mucho más jóvenes. Y sobre los fantasmas, es tanbién un tema que me encanta, por experiencias de mi familias y conocidos, y también mías… 👀. Pero eso es tema para otro post.

Así que finalmente, ya puedes leer esta historia. Aquí te traigo la sinopsis y luego el Capítulo 1.

Sinopsis

David Gastesi tiene 25 años, una cámara al cuello y un don que no pidió: puede ver fantasmas. Fotógrafo por vocación, barista por necesidad y cazador de espectros por accidente, sobrevive entre turnos de café, misiones paranormales y la responsabilidad de mantener a su abuelo en un asilo. Pero su vida da un giro cuando conoce a Carolina Sandoval, una mujer de 45 años, bella, reservada y atrapada en un mundo de apariencias.

Carolina lo ha hecho todo «bien»: casada, madre de dos hijos, esposa intachable. Pero su vida perfecta se desmorona cuando su marido la deja por una mujer más joven.  En medio del caos, encuentra algo que no esperaba: a David.

Lo que comienza como una conversación casual en la cafetería se transforma en una atracción que desafía las reglas no escritas de la edad y el qué dirán. Pero el amor no será su único reto.

Cuando una presencia oscura se manifiesta en la casa de Carolina, los fantasmas del pasado —y del más allá— salen a la luz. Y David tendrá que enfrentarse al espíritu más poderoso que jamás ha encontrado.

Entre susurros del otro mundo y miradas que lo dicen todo, David y Carolina descubrirán que a veces el mayor acto de valentía no es enfrentar un fantasma, sino atreverse a amar sin miedo.

Capítulo 1

Carolina Sandoval de Villegas conducía apresurada su camioneta familiar, iba tarde ya. Tenía que pasar a la tintorería a recoger un traje de Mario; después, a la tienda de comestibles para comprar lo que le faltaba para la cena; y luego, correr como loca a la escuela de Gabriel, pues tenía junta de padres de familia.

Por fin encontró un espacio para estacionarse, pero le pareció que estaba lejos de la tintorería y lo dejó pasar. Pocos metros más adelante se arrepintió, pero cuando quiso meter la reversa, ya estaba otro auto ahí a punto de tomar el lugar. Vio por el espejo retrovisor que era un hombre joven en un carro viejo grande, color verde oscuro, que había visto sus mejores días hacía varias décadas. Si perdía más tiempo buscando sitio llegaría tarde a la junta. La desesperación fue mayor que su timidez habitual. Se bajó de su camioneta y caminó hacia ese otro coche.

—Disculpe, joven —dijo, a un lado de la ventanilla y con su sonrisa más amable—, ¿podría cederme el sitio, por favor? Es que, de verdad, ya voy muy tarde, y si no llego…

El muchacho la observó atento por unos momentos. Muy atento. Tardó en responder.

—De acuerdo. Pero solo porque está muy guapa y lleva prisa. Y en ese orden.

Carolina se puso nerviosa. No solo por el piropo, a los que ya no estaba acostumbrada, sino también porque el sujeto en cuestión era muy atractivo. Cabello oscuro, deslumbrantes ojos verdes, y muy guapo. Y seguramente no pasaba de los veinticinco años. Podría ser su hijo.

—Gracias… —respondió, algo turbada.

El joven asintió con la cabeza y le sonrió. Ella regresó de prisa a su camioneta mientras él se cambiaba de carril para ir a buscar estacionamiento a otra parte en su destartalado vehículo.

El resto del día se sintió ridícula porque no pudo sacarse el halago de la cabeza. «Soy patética», pensó. Un piropo, y bastante simple, además, y se alborotaba como quinceañera. Cuando era joven, los halagos, tanto los bienvenidos como los odiados, eran cosa de todos los días. En la escuela, en la calle, en las fiestas. Pero ya no recordaba cuándo había sido la última vez que le habían dicho uno. Además, Mario nunca había sido afecto a halagarla.

Solo tenía cuarenta y cinco años y estaba bien conservada; no debería sentirse así, lo sabía. Pero también estaba consciente de que eran las jóvenes las que llamaban la atención de los varones, no las mujeres de su edad.

Además, sin importar su apariencia, el hecho era que su vida cotidiana la hacía sentir vieja. Hacía mucho que se asumía como madre y esposa, pero no como mujer. No como cuando era joven, con sus propios deseos, vanidades y sueños. En ese momento vivía al servicio de su familia, y si bien eso le daba muchas satisfacciones y se sentía orgullosa de ello, también, en ocasiones, le dejaba una sensación de vacío que no sabía explicar. Como si una parte de sí misma se hubiera perdido y no sabía cómo ni por qué.

Y todo ello sin contar la creciente indiferencia de Mario. Insistente, corrosiva. Como esa gota de agua que perfora la roca, no por su fuerza, sino por su constancia. Así era su amor propio, una estructura oxidada, llena de agujeros, que se habían ido formando al paso de los años.

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Arrivederci

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