Es un hecho innegable que en la literatura de género hay muchos clichés (o tropos). Y también es innegable que parece que los escritores deberíamos huir de todos y cada uno de ellos, precisamente porque son tópicos que ya están muy vistos y mucha gente ha manifestado estar hasta el copete de ellos.
Sin embargo, los clichés se volvieron clichés por ser populares. ¿Y por qué son populares? Porque a buena parte del público lector le gustan y le atraen como moscas a la miel (me incluyo).

Dejando de lado los que son obsoletos y hasta inapropiados en estos tiempos en que hay mucha más conciencia del sexismo, racismo, homofobia y demás problemas sociales, hay otros que simplemente han sobrevivido en el tiempo porque a la mayoría de la gente nos sigue gustando leerlos.

Además, también hay temas que son prácticamente característicos de un género, o lo que se conoce como «la promesa del género», que por ejemplo, en el caso de la novela romántica, se refiere a un final feliz, sí o sí. Y estos aspectos no son flexibles porque son la razón por la que los lectores eligen ese libro en particular: saben que sufrirán en el camino, pero que el final los compensará.

De hecho, si somos realistas, muchas veces cuando una como lectora está cansada de varios de los tópicos frecuentes en el género, suele ser una señal de que es tiempo de leer géneros distintos. Ampliar horizontes, o al menos dosificar por un tiempo.

Además, en el mundo de los clichés también hay de todo. Hay autoras (y autores) que usan algunos de ellos, pero el contexto y los otros elementos de la trama los enriquecen y les dan un toque diferente. Al final, cada autor tiene su propio estilo y visión y es lo que hace a cada libro especial.
Asimismo, para todos los libros hay lectores entusiastas.

A continuación enlisto algunos clichés literarios que a mí me gustan y mucho.

1. De enemigos a enamorados

No sé qué tanto sea un cliché, pero sí es un tópico que se repite en muchas historias, y que a mí me encanta. Creo que es mi favorito de todos. Siempre y cuando sea bien llevado, y sea un romance que se construye poco a poco y que está bien fundamentado. Si un día se odian y al siguiente ya se aman, no me gusta porque no es creíble.

Algunos ejemplos de enemies to lovers son: Captive Prince (de C.S. Pacat), Carry On (de Rainbow Rowell), La esperanza perfecta (Nora Roberts).

2. El romance slow burn

Un amor que se cocina a fuego lento es irresistible para mí. Se vuelve adictivo ir conociendo cada etapa, cada pequeño paso en el acercamiento de los protagonistas, y así es más emocionante cuando por fin ligan.

Algunos ejemplos de slow burn romance son: Captive Prince (de C.S. Pacat), Yo antes de ti (Jojo Moyes) , Ella es tan dulce (Susan Elizabeth Phillips).

3. El galán exitoso y seguro de sí mismo

Los personajes masculinos que saben de qué va  la vida, y saben moverse y armarla bien, siempre son atractivos para mí. Por supuesto, tienen que tener otras virtudes y no ser unos patanes riquillos engreídos. También deben tener algunos defectos, debilidades, y retos que vencer en la trama. Personajes con matices, vaya.

Algunos ejemplos de este cliché son: Orgullo y Prejuicio (de Jane Austen), Broken (Nicola Haken), y mi novela, claro: No soy un ángel. 😋

4. Amor prohibido

Oh, la tentación de lo prohibido. Bien decía Oscar Wilde que la única manera de vencer la tentación es entregándose a ella.

Por supuesto, en este cliché no me refiero a transgresiones aberrantes, como el incesto, la pedofilia y similares. Pero sí a infidelidades, a amores de diferente clase social o edades (legales), o a amores que van contra las normas de la época. O simplemente prohibido en cuanto a que es inconveniente, peligroso o estúpido. ¡Pero la tentación es la tentación! Y el amor el amor.

Es un tropo particularmente interesante porque me tiene preguntándome todo el tiempo si se atreverán o no, o si la autora o autor solo coquetea con la idea y se quedará en la zona segura (sí, hablo de ustedes: Leigh Bardugo y Victoria Schwab) 😏

Algunos ejemplos son: Persuasión (de Jane Austen), Cumbres borrascosas (de Emily Brontë), Juegos de Seducción (de Nut).

5. El galán atormentado con un pasado

Pues a mí me gusta el drama, y mucho. Tal vez porque en la vida real soy muy prudente y huyo de los dramas amorosos como de la peste, en la ficción me encantan.
Aunque aclaro que no me refiero a las historias en que el pasado tormentoso del prota se usa para justificar que sea un tipo nefasto que trata a la chica como chancla, ni nada de eso. Pero sí me gusta cuando hay cosas en el ayer que vamos descubriendo poco a poco, y que van siendo la razón de su personalidad, miedos o actitudes. Y sobre todo, que sirven para trazar el arco dramático del personaje, y por lo tanto, su evolución.

Algunos ejemplos de este cliché son: Lord Hawksworth de Un extraño en mis brazos (de Lisa Kleypas),  y por supuesto, Jamie Fraser, de Forastera (de Diana Gabaldon).

6. El que parece malo pero no lo es

A mí me fascina este tropo. Eso de ir descubriendo lo que se esconde tras la fachada siempre me atrapa. No me importa que sea un cliché más que visto, yo no me canso de leer sobre hombres misteriosos con secretos que se revelan en la historia. Además, la combinación de duro por fuera pero dulce por dentro, es muy intrigante.

Algunos ejemplos son: La saga de La hermandad de la daga negra (de J.R. Ward), Jane Eyre (de Charlotte Brontë), Sueño contigo (de Susan Elizabeth Phillips).

7. El antihéroe

Este cliché es parecido al anterior, pero no igual. El antihéroe no es alguien que parece malo y resulta no serlo, sino un personaje que tiene luces y sombras, y en general, más sombras que luces. Suele ser alguien que acostumbra ir contra las normas, y hacer y decir cosas que escandalizan a los demás, pero es tan real y humano que como lectores acabamos empatizando con él.

Algunos ejemplos de este cliché son: Rhett, de Lo que el viento se llevó (de Margaret Mitchell), Gabriel de Encontrando a Silvia (de Elísabet Benavent).

8. Proximidad forzada

Este tropo es de lo más divertido de leer. Siempre se presta para interacciones intensas, especialmente cuando forma parte de otro tropo: enemies to lovers. No se soportan (o al menos una de las partes) y tienen que convivir sí o sí. Puede ser que ambos sean estén en un evento familiar ineludible, que tengan que trabajar en un proyecto laboral juntos, o que sean víctimas de la naturaleza y por ejemplo, hayan quedado atrapados por un huracán y tengan además, que compartir habitación y una sola cama, como en mi novela No soy tan fuerte. Otas historias con proximidad forzada: Una luna sin miel, Daisy Jones and The Six (una joya absoluta, en especial la serie, aquí tengo un post al respecto).

9. El protector

Pocas cosas son más sexys en un personaje masculino (y en la vida real) que el hecho de que sea protector. Que la defienda si alguien la ofende, que esté dispuesto a mil locuras por ayudarla, que esté ahí cuando ella lo necesita. Que haga cosas por ella que no haría por nadie más. Este tropo normalmente va de la mano con el del Millonario, que cuenta con todos los recursos económicos para ejercer de protector estelar. Pero puede ser también alguien de poco dinero, pero todo el corazón y toda la actitud.

Un ejemplo de este tropo es la novela de Ali Hazelwood Un amor de verano complicado, donde él trata de proteger a la chica incluso de sí mismo. Y sí, también es millonario .  Este rasgo protector creo que es común en los protagonistas de Ali, siempre buenos novios literarios.

10. Identidad secreta

Un tropo muy emocionante porque se la pasa una esperando que se descubra la verdad, y que se arme la grande, y normalmente así pasa. Drama, drama, drama. En el cine, tenemos películas como Tienes un email, donde buena parte de la trama él le oculta quién es. O Mientras dormías, donde el personaje de Sandra Bullock finge ser la novia de un hombre que está inconsciente, a raíz de un malentendido. Muy buenas las dos películas.

En las novelas, mi libro No soy un ángel, tiene este cliché al inicio de la historia, porque los protagonistas se conocen en una fiesta de máscaras, de modo que no conocen su verdadera identidad hasta después, para gran sorpresa de los dos.

En una próxima entrega, hablaré de los clichés que no me gustan.

Arrivederci

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