martes, 18 de abril de 2017

Cómo la escuela mata la creatividad






Durante toda nuestra vida, creemos en las bondades de la educación. Que el sistema busca que como individuos, aprendamos y desarrollemos nuestros conocimientos y habilidades, particulares en cada quien.
Nada más lejos de la verdad. Lo cierto es que salvo raras excepciones, la escuela no quiere individuos. Enseña a los infantes a amoldarse a patrones establecidos, a seguir reglas, a encajar.
Como plantea el especialista en educación y desarrollo de la creatividad, Ken Robinson, en su libro “El Elemento”, el objetivo del sistema educativo es crear buenos trabajadores y ciudadanos que acaten las reglas y un sistema de creencias preestablecido. Y los parámetros para medir las capacidades de esos niños también son limitados y rígidos, sustentados en planteamientos que datan de la época de la Revolución Industrial, donde los conocimientos y las necesidades económicas globales eran muy diferentes a las de ahora.

Este sistema obsoleto se enfoca en desarrollar ciertas habilidades (lingüísticas y matemáticas, en esencia) e ignora otras, cuando las teorías modernas de psicología plantean que en realidad existen nueve tipos de inteligencia (intrapersonal, musical, existencial, visual/espacial, naturalista, lógica, lingüística y kinestésica).
Un estudio sobre pensamiento divergente, arrojó que entre los tres y los cinco años de edad, 98% de los niños son genios; a los 10 años, el porcentaje disminuye a 38%; a los 15 años a 10%, y a los 25 años o más, únicamente 2% de las personas estudiadas mantuvieron esa genialidad. La conclusión evidente es que la escuela mata la creatividad, anestesia a los niños. Cuando somos insertados en el sistema educativo que margina todo lo diferente, perdemos poco a poco ese espíritu libre, innovador y creativo con el que nacemos.

Y la paradoja se presenta cuando, mientras la  escuela está centrada en el hemisferio derecho del cerebro (lógica, análisis, lenguaje), el éxito en el mundo real pertenece con frecuencia a los que tienen predominancia del hemisferio izquierdo (creatividad,  innovación, intuición). El resultado es que los estudiantes con mejores calificaciones están perdidos cuando crecen, pues llegan a una empresa y les piden hacer justo lo que les prohibieron en 20 años de escuela: pensar diferente.

En el libro, Robinson recopila varios casos de personas destacadas en diversos ámbitos, como la famosa bailarina y coreógrafa Gillian Lynne, el creador de “Los Simpson”, Matt Groening,  o el ex Beatle Paul McCartney, y todos ellos narran que eran “malos estudiantes”, se sentían tontos o se aburrían en clase, y eran castigados o enviados al psicólogo por “distraídos”. Estos grandes talentos, algunos gracias al apoyo oportuno de sus padres, y otros contracorriente, finalmente, ahora como adultos, viven una vida plena, encontraron su vocación y son exitosos en ella.


Es importante como padres, estar atentos a la personalidad y los talentos particulares de los niños y darles las herramientas para desarrollar su potencial, no reprimirlos, por muy “fuera de lo común” que parezcan sus intereses o inquietudes. Ayúdelos a florecer  y a encontrar “su elemento”. Puede ser que el próximo Steve Jobs, Nadia Comaneci o Freddie Mercury sea su hijo.

Coolumna Entre Terrícolas. Publicada en Novedades de Quintana Roo el 11 de abril de 2017.

domingo, 1 de enero de 2017

El tiempo perdido, lo que aprendí en 2016






Otro año más que se va.
Y dejando de lado los logros o fracasos que tuvimos, lo que es un hecho es que cada experiencia nos deja un aprendizaje. O al menos eso es lo que debemos hacer, rescatar algo de cada situación que vivimos, para no cometer los mismos errores, para manejar mejor las situaciones o simplemente, para ser mejores personas.

Algunas de las cosas que aprendí este 2016 que ya nos dijo adiós son:

Se hace camino al andar
No sé si también les pasa, pero cuando planeo algún gran proyecto, a veces me agobio tanto por todo el trabajo que requiere, por las complicaciones que seguro vendrán y por lo tan lejana que se ve la línea de meta, que me paralizo y no avanzo.
Pues este año aprendí que la solución para evitar eso es ir a paso a paso. Poco a poco. Hacer un gran esfuerzo por bloquear ese "todo" agobiante, y ver sólo lo que tienes enfrente. Tu siguiente paso. El siguiente peldaño. Y una vez que ya avanzaste ese primer paso, entonces das el segundo. Y el tercero. Y cuando te des cuenta, ya habrás subido la escalera y te dirás a ti mismo, con orgullo y emoción "¡No puedo creer que en verdad lo hice!"


Refúgiate en tu burbuja y desde ahí construye
Este 2016 fue particularmente difícil con personajes como el innombrable hombre naranja, la crisis de refugiados, y la cada vez más deprimente realidad mexicana. Y es un hecho que estar saturado de malas noticias, desde que te despiertas y te tomas tu café, hasta que te vas a dormir viendo el noticiero, es perjudicial. Al menos a mí, me afecta. Me empiezo a sentir enojada, frustrada y desesperanzada por el interminable desfile de tragedias, injusticias y sinsentidos. Por eso es que trato de aplicar el "News Detox". Un detox inventado por mí en el que evito las redes y las noticias todo lo que puedo, para limpiar mi mente y enfocarme en cosas inspiradoras.
No se trata de meter en la tierra la cabeza como avestruz y negar las realidades, pero sí de no estar saturado. De no estar hundidos hasta el cuello en toda esa negatividad, que al final, no nos deja nada bueno y sí nos quita entusiasmo, fuerza y poder para perseguir nuestras metas.

Durante diciembre hice otra vez el News Detox, y funcionó muy bien, como siempre. He podido concentrarme en mis proyectos personales, he estado más enfocada y más positiva.
Porque finalmente, lo que cuenta es que no importa que tan mal estén las cosas, siempre podemos hacer algo bueno, por nosotros, por los demás y por el planeta.

Y tal vez, precisamente en tiempos de crisis, es cuando más necesitamos ser optimistas, ser generosos y ser buenas personas; sólo así podremos contrarrestar la ola de odio, corrupción, maldad e injusticias que nos cae encima constantemente como humanidad.
Hay que siempre tratar de ser parte de la solución y no del problema.

No hay tiempo que perder
Para alguien como yo, que se la pasa procrastinando, esta es una gran lección. Y lo vimos claramente con los músicos famosos que murieron este año. Lo único seguro que tenemos es que vamos a morir. Que el tiempo se acaba. Que no sabemos si vamos a despertar mañana. Que no hay tiempo que perder.
Porque seguramente, al final de nuestras vidas, lo que lamentaremos será el tiempo perdido. El tiempo que no dedicamos a la gente que amamos, el tiempo que no aprovechamos haciendo lo que nos llena, el tiempo que no reímos, el que gastamos en discusiones sin sentido, en un trabajo que odiamos, el tiempo que pasamos angustiados por cosas que nunca sucedieron.
Y siempre que miremos en retrospectiva lamentaremos ese tiempo desperdiciado que no volverá.
¿La solución? Actuar. Aquí y ahora. Vivir al máximo. Reír. Amar. Perseguir sueños. Disfrutar todo lo que tenemos en vez de obsesionarnos con lo que nos falta. De eso está hecha la felicidad y lo cierto es que nuestro tiempo en este mundo es muy corto para pasarlo medio viviendo.
Así que ¡Vamos con todo en 2017!

Arrivederci


martes, 1 de noviembre de 2016

Propósitos para cerrar bien el año





Ir al gimnasio, bajar un par de kilos de peso, comer más sano, aprender algo nuevo, ahorrar para un fondo de emergencias, hacerme un chequeo médico, empezar a invertir... la lista de los típicos propósitos de año nuevo es larga, larga, como el cabello de Rapunzel, pero la pregunta del millón es ¿Cuántos hemos cumplido, ahora que estamos empezando los últimos dos meses del año, la recta final?
Lo más probable es que ninguno, o en el mejor de los casos, un par, y a medias.
El año pasado me resultó algo deprimente la temporada decembrina porque se me ocurrió desempolvar mi "Lista de Propósitos 2016" sólo para descubrir que no había logrado ni el 10% de todo lo que me había propuesto. Y la peor parte fue recordar mi entusiasmo cuando los escribí, muy convencida de que lo haría, de que "mi yo futuro" ahora sí se pondría las pilas.

Y ese es el eterno conflicto que vivimos con nosotros mismos, en especial si somos proclives a la procrastinación: Creemos que nuestro yo futuro es un fregonazo. Es organizado, dedicado y enjundioso. Jamás padece flojera, cansancio ni indecisiones. Sabe lo que quiere y trabaja con ahínco día a día para alcanzar su meta.
Hoy somos decidiosos y desorganizados. Pero mañana no. Mañana, mágicamente, estaremos transformados. Ahhh el autoengaño...
El hecho es queridos lectores, y esto es algo que aprendí este año (haré un post con mis aprendizajes también) que ese yo todopoderoso del mañana no existe, ni existirá SI NO NOS PONEMOS A TRABAJAR HOY. No mañana, no después, no cuando tengamos más tiempo. ES HOY. EN ESTE MOMENTO.
No sólo porque el ahora es lo único que tenemos y el mañana ni siquiera sabemos si llegará (más de 150 mil personas en el mundo, no tuvieron la suerte de despertar hoy, nosotros sí la tenemos), si no por otro factor clave que descubrí gracias al libro The Miracle Morning: Lo más importante que lograrás trabajando por tus metas, no es la meta en sí, sino la persona en la que te conviertes en el proceso. Y esa persona es la que hará posibles y reales tus sueños. No el que eres en este instante, lamentándote por todo el tiempo perdido, mientras comes una dona en el sillón, leyendo este post.



Y cada paso que des, a pesar de la flojera o cansancio, de la falta de tiempo, de la rutina, te dará una sensación de logro que te motivará e impulsará a dar el siguiente, y el siguiente.

Así que el truco es ponerse pequeñas metas. Muy pequeñas. cosas que puedes hacer día a día, porque aunque parezcan poca cosa, esos avances son tu gasolina.

Estos dos meses que quedan en el año son el tiempo ideal para corregir el rumbo o hacer ajustes, así que este proceso te puede ayudar:

-Revisa tu lista de propósitos 2016.
-Elige tres que consideres los más importantes.
-Planea una estrategia de pequeños pasos para encaminarte.
-Arranca hoy 1 de noviembre, como sea, y con lo que tengas, pero arranca, y no te detengas en los 60 días que quedan.

Si alguna de tus metas se complica con la temporada vacacional decembrina, sé creativo. Por ejemplo, si hace mucho frío para salir a correr, pues al menos ármate una pequeña rutina en casa para que hagas algo de ejercicio. No tienes que proponerte hacer una hora de ejercicio diario, si no has levantado un popote en todo el año. Pero a lo mejor 15 o 20 minutos sí puedes.
No creas que eso no sirve de nada. Todo sirve, y sobre todo, recuerda que la idea esencial no es que hagas en dos meses lo que no hiciste en 10, sino cerrar el año encarrilado, para que cuando te comas tus 12 uvas estés feliz y orgulloso de lo que lograste las últimas semanas, y empieces con decisión y más certeza de tus capacidades, el siguiente año.

¡Cerremos con enjundia el año!

Arrivederci

martes, 8 de marzo de 2016

Visión de túnel Godín







Supongo que es normal que a fuerza de la convivencia constante, poco a poco nos mimetizemos con nuestro entorno. Así que me imagino que esa es la causa por la que en algunas oficinas ves al 80% de la gente comportarse como zombies.
Tal vez han perdido toda motivación como consecuencia lógica de haber pasado más de 10 años en su cubículo, haciendo lo mismo, con el mismo horario... día tras día. Y ahora son como sombras grises, sin alma, un vago recuerdo de quienes alguna vez fueron, o soñaron ser.

Y si por algún hecho milagroso, o porque seas "el nuevo" de la oficina, no te has mimetizado, seguramente te sientes como Tom Hanks en la isla desierta. Y peor aún, sin Wilson.

El rango de tolerancia, medido en años terrestres, aunque se sientan como años luz, varía de Godín a Godín.
Algunos aguantan mucho tiempo en ese entorno asfixiante, tal vez ayudados por las dosis masivas de Coca Cola, la tamaliza de febrero, o la partida de rosca, que hace que se sientan integrados, valorados, parte de algo más grande que los dos metros cuadrados de su área de trabajo.

Otros, quizá los más jóvenes, los millenials, que ya traen en el cerebro insertado desde la infancia el chip del cambio, las nuevas tendencias laborales, y el sueño aún vivo de una existencia con propósito y significado, tienen un umbral de tolerancia bajo. Salen huyendo a la primera (o segunda) señal de alarma: una gritoniza del jefe, que como buen miembro de la vieja guardia, sabe nada de liderazgo y mucho de autoritarismo; trabajo excesivo sin la paga equivalente, o la terrorífica certeza de que ese puesto de trabajo tiene tufo a esclavitud.

Pero en términos generales, yo diría que la señal para salir huyendo es cuando comienzas a padecer la visión de túnel: Cuando empiezas a creer que realmente hay pocas opciones para ti afuera, que es muy riesgoso el tan sólo discrepar con los jefes, porque te asusta llevar las cosas al punto de no retorno y que te despidan.
Cuando crees que lo peor que puede pasarte es perder ese trabajo, cuando te aterroriza el sólo pensarlo, y tu mundo y ambiciones se reducen a cobrar cada quincena, esperar las vacaciones anuales, y comprar tu casa con tu Infonavit, estás en problemas.

Tal vez es tiempo de salir de tu zona de confort, y sobre todo analizar si vas en camino hacia lo que deseas de tu vida a largo plazo, o es tiempo de redirigir el rumbo.

Arriverci



sábado, 26 de diciembre de 2015

Tengo miedo de leer






Anoche, en el afán de disfrutar de mi descanso retomando una actividad que me encanta y que he dejado un poco de lado, me puse a leer una novela.
Extrañaba leer novelas, últimamente leo más ensayos, biografías, y muchos libros y artículos sobre finanzas personales.
Y me di cuenta de dos cosas muy importantes.
1- Me da miedo leer.
2- El post que escribí hace tiempo sobre los escapismos es más cierto que nunca.

Primero, el libro es de lo más deprimente. No les diré el nombre porque quiero desahogarme con "spoilers" y si no saben de que libro hablo, no se los arruino. Y si saben, pues tampoco porque ya conocen la historia.
La trama es sobre una mujer divorciada a la que su marido dio una patada en el trasero para irse con otra 20 años mas joven. Tiene una hija rebelde que no la comprende y la culpa.
La señora en cuestión es bastante patética, si lo vemos fríamente. Es el caso de una mujer sin intereses en la vida, ninguno. Jamás. Su universo, su centro, su mundo, era su matrimonio, su familia. Cuando pierde eso, se pierde a sí misma.
Tenemos otros personajes que también están en el hoyo. El libro bien podría llamarse "El club de los divorciados", "La infelicidad en tiempos modernos", o simplemente "La vida apesta".

La historia lleva un buen ritmo de misterio, en torno a un asesinato. Y bueno, el final es deprimente porque la mujer termina por suicidarse. Es decir, NADA MEJORA. En la vida de NADIE.
Te encariñas con los personajes, los comprendes, pero jamás tendrás un paliativo al dolor. Sufres con ellos y te quedas con su dolor cuando das la vuelta a la última página. No hay alegrías, no hay futuro, no hay esperanza, no hay evolución.

Total que el libro me dejó peor de ánimo de lo que ya estaba.
Y aquí viene de lo que hablaba al principio del post: MIEDO DE LEER.

He llegado a la conclusión que cualquier actividad que realicemos, puede ser buena o mala, dependiendo de lo que la motive, y no de su naturaleza en sí misma.

Las adicciones parten de una evasión de una realidad que no nos satisface, que nos daña en el peor de los casos, o que simplemente nos aburre en el mejor.

Esa es la razón por la que hay gente que por ejemplo, fuma marihuana o toma alcohol ocasionalmente, como parte de la diversión en una reunión o una cena, y hay otros que el consumo lo llevan al extremo, usando como evasión algo que otros usan sólo como hobbie.

El mismo caso de las redes sociales. Hay quienes tienen muchas actividades en su vida, laborales, familiares, personales... y una pequeña parte de esas incluye las redes, o el internet en general.
Hay otros que caen en una adicción, que su eje es la web, que lo primero que hacen en la mañana y lo último en la noche es checar el Twitter y el face. Que lo peor que les puede pasar es quedarse sin red. Se les acaba el mundo. Literal.

¿Y qué tiene que ver eso con el miedo de leer? seguro se están preguntando.
Bueno, me he dado cuenta que la lectura es una adicción para mí.
Y aún no descifro por qué. Pero he descubierto que padezco el ciclo del adicto: No puedo parar una vez que me engancho, no me interesa nada más que seguir y seguir leyendo. Es una sensación de rush y excitación que llena mis sentidos (si la historia me gusta), tengo miedo cuando me acerco al final, y ya que lo termino, me viene el bajón muy fuerte. Me siento triste de que terminó, me llego a sentir incluso deprimida por unos días.
Me siento vacía. Y entonces vienen las preguntas.
¿Es así como debo sentirme después de leer?
¿No debería sentirme sólo feliz, y relajada, como con cualquier pasatiempo?
¿Será que la lectura me evade de algo, y por eso me siento vacía y perdida después?

Y he notado que me pasa algo similar con internet. Sí, yo soy una de esas personas adictas a la red, de las hablaba más arriba. Si no tengo red, y no tengo libros. ¿Qué tengo?
¿Qué hago en esas horas muertas?

Por eso es que, como dije en aquel post, todos somos escapistas. Lo somos, mientras no partan nuestros hobbies de un balance. Mientras sean una adicción. Mientras nos sintamos perdidos en el limbo si de pronto no tenemos esa fuente de satisfacción.

Siempre me he sentido orgullosa de decir que nunca me aburro estando sola. Y es verdad, mientras otras personas no soportan pasar mucho tiempo consigo mismos, yo es como más feliz estoy.

Pero a veces me pregunto, ¿es real? ¿ disfrutar mi espacio es mi satisfacción, o es un escapismo y una zona de confort?

¿Cómo me sentiré si estoy sola, pero sin libros, ni internet, ni películas ni nada?


Creo que necesito dedicar tiempo del día a hacer justo eso. Con los aparatos y gadgets apagados. Y pensar sobre mi realidad. Porque ahora mismo no tengo claro qué entonces debo hacer. Aunque sospecho que me está faltando un balance, que ponga cada elemento de mi vida en su justa medida.

Pero la duda sería: Si lo que necesito es balance, cuando lo tenga ¿entonces disfrutaré de la lectura sin "sufrirla" después?

Lo que sí sé que esa es la razón por la que me da miedo leer. Porque si el libro es bueno, entro a la montaña rusa de la euforia, el bajón y el posterior síndrome de abstinencia. Y vacía después.
Y si es malo, me siento triste y decepcionada. Y vacía después también.

Sospecho que todos son distractores, que acallan una realidad interna necesitada de otra cosa.Necesito escarbar. Ir a las aguas profundas y descubrir lo que ahí yace...

P.D. ¿Tal vez debería leer sólo libros motivadores por ahora?

¿Ustedes han sentido miedo de leer?

Arrivederci



jueves, 16 de julio de 2015

Memorias de Nueva York







Este no es un blog nice. Este no es un blog escrito por una chica que ha viajado por todo el mundo, que se conoce todos los lugares trendy.
Este es un blog escrito por una chica Godínez (por ahora, porque me niego a vivir bajo el yugo corporativo el resto de mi vida, y lo de "chica" también es algo dudoso, pero prefiero no entrar en el tema escabroso de la edad) y que por tal motivo, a pesar de que ama viajar, lo ha hecho muy poco.

Hoy se cumple un año de mi superalucinantefantabulosotodavíanolosupero viaje a Nueva York.
La parte triste es que desde entonces no he viajado ni a la esquina, lo más lejos que he ido es al D.F. en marzo pasado, pero no cuenta como un verdadero viaje.
La parte buena es que siempre hay un mañana, y espero pronto poder desempolvar mis maletas, mi pasaporte y visa, e ir a la aventura otra vez.

Además de lo especial que fue viajar a la ciudad con la que había soñado por años, el hecho de hacerlo sola fue crucial. Nunca había hecho un viaje sola. Es decir, tomar aviones sola para llegar a visitar amigos o familia, sí. Pero viajar sola, para estar por mi cuenta en el viaje, y también en el regreso, fue una experiencia diferente, y tal y como dicen los que recomiendan viajar sin compañía, muy enriquecedora.



Aunque para ser precisos mi primer viaje sola fue unos tres meses antes, a la ciudad de Mérida, para tramitar la visa. Me encantó ese pequeño viaje porque fue como un entrenamiento para el otro.
Tomar mi autobús, llegar a destino cinco horas después, hospedarme en un pequeño hotel colonial, salir a comer por ahí, caminar un poco por los alrededores...
Definitivamente lo disfruté, aunque toda la experiencia estuvo un poco empañada por el estrés que me traía por la incertidumbre sobre si me darían la visa o me la negarían y mi perfecto plan de viaje neoyorkino se vería arruinado.

Alguna vez leí que el mejor dinero invertido no es el que gastas en cosas materiales, sino en experiencias, y esa frase fue absolutamente cierta en toda su dimensión  desde el momento en que estaba ya volando sobre territorio estadounidense.



Todos los que han viajado ( y lo aman) seguro saben de lo que hablo, seguro han sentido esa lluvia de sentimientos que nada más te puede dar.

Me sorprende la claridad con que recuerdo todas esas sensaciones, y me sorprende también que a un año de esa experiencia, la emoción y la plenitud que me dio siguen siendo tan reales como lo fueron entonces.
No fue una ilusión momentánea, de esas que al paso del tiempo se disuelven y ni siquiera entiendes por que te emocionaban tanto. Fue un sentimiento real, tan real que sigue intacto.

Recuerdo cuando comenzamos a descender, y pensé "!Qué diablos estoy haciendo! Estoy ya en otro país, que habla un idioma que conozco, pero nunca he hablado, sola, a la aventura! Ésta no soy yo", y a la vez darme cuenta que "no ser yo" nunca me sentó tan bien. 


Recuerdo la euforia. Pura y total euforia al caminar por el eterno pasillo del aeropuerto, hacia la aduana. Recuerdo la gente hispana que me hablaba en inglés creyendo que era americana, y yo divirtiéndome sin sacarlos de su error.

Recuerdo cuando salí a la calle, a buscar taxi, y lo fácil que me resultó comunicarme, entender el idioma y ser entendida.
Recuerdo la mujer de color que me consiguió el taxi, tan dulce y amable, y que me llamó "young lady", (con lo cual se ganó mi amor eterno), la primera neoyorkina de muchos, que me dejaron claro que eso de que "los neoyorkinos son fríos" es sólo un mito, porque yo me encontré montones de gente amable, sonriente y sociable.



Recuerdo mis ojos lagrimeando de emoción cuando iba en el taxi hacia Manhattan. Y ese momento, ese momento indescriptible, mezcla de sorpresa y fascinación, cuando en el horizonte se van delineando los rascacielos de la ciudad y los ves por primera vez. Ese momento que invade todos tus sentidos, y que te cautiva a tal punto que se queda grabado en tu alma, para siempre.

Recuerdo que cuando llegué por fin a mi hotel, llevaba más de 36 horas sin dormir, y contrario a lo que planeaba (llegar a echarme una siesta), boté mi maleta y salí casi dando de brincos, a recorrer a los alrededores y tomar fotos.

Una de las cosas que me encantaron de la ciudad fue su energía, la mezcla de gente de todo el mundo, por todos lados. Ingleses, italianos, latinos, orientales, musulmanes, hindúes... todos integrados en las vibrantes calles de Manhattan.

También fue muy divertido descubrir que los clichés de las películas no son exageración, ¡Son verdad! Como el típico taxista hindú, o el hombre parado en un esquina con un cartel de "Jesus love you".



Creo que una de las mejores cosas que te da viajar es lo que aprendes de ti mismo a través de la experiencia.
En mi caso, me di cuenta que soy capaz de más cosas de las que yo creía, que la aventura me sienta bien. También descubrí que a pesar de que me gusta viajar con comodidades (como llegar a un cuarto de hotel, y no a un hostal, por ejemplo), una vez ahí me atrae mucho más integrarme a la ciudad, caminar y explorar un poco, que seguir la ruta turística.
Esa fue la razón por la que no me interesó ir a ver la estatua de la libertad, o meterme todo el día en los museos.
Además, por desgracia, tenía muy poco tiempo disponible, así que tenía que usarlo sabiamente.

¿Mi sitio favorito? La estación central. ¡Me enamoré de ese edificio! Es majestuoso. Y lo más curioso es que la encontré por casualidad, cuando andaba caminando por la quinta avenida con un italiano que conocía en el Rockefeller Center. Era el día de mi regreso, y sólo me quedaba un rato libre antes de volver a mi hotel y empacar. Espero la próxima vez poder explorar ese mágico lugar más a fondo.




¿El que menos me gustó? Contrario a lo que yo creía, Times Square. Ahí comprobé mi rechazo por lo "demasiado turístico". El lugar estaba a reventar de gente, y había mucho de lo que llamo "circo para turistas": personas disfrazada en la calle, vendedores, música y alboroto y medio... parecía Las Vegas. Lo único que  me provocó fue huir de ahí velozmente.

Otra cosa que me encantó fue comer en los puestecillos de la calle y locales sencillos. Desde hot dogs hasta empanadas Nuchas, mi platillo "casual"  favorito fue la pizza, cerca del hotel, en la 32, Arome Deli & Pizzeria, en Midtown. Súper barata (a dólar la rebanada básica, o dos rebanadas de lo que quieras y refresco, por cinco dólares, ¿Quién dijo que comer en NYC es caro?), gigante (una rebanada era como tres de aquí)  y absolutamente deliciosa. Y sí, de eso también me acuerdo perfecto: de su sabor y aroma.



Y como dije, dada mi condición de inexperta viajera no frecuente, viendo en retrospectiva, hay muchas cosas que pude haber hecho mejor, y otras que aprendí y que no tenía idea al respecto, pero como dijo Aniko Villalba: a viajar también se aprende, y sobre eso escribiré en un próximo post donde daré algunos consejos para viajeros novatos como yo.

Por lo pronto sólo puedo decir que este memorable viaje me marcó, me cambió, me dio una perspectiva refrescante de la vida, de las culturas, del mundo, y me confirmó lo que ya sospechaba, que viajar es una vivencia incomparable, que cada quien vive diferente, y que te deja huella, como pocas cosas lo hacen.


Arrivederci







lunes, 6 de julio de 2015

15 consejos de parejas de ancianos para un amor duradero






Soy una sentimental. Lo admito. Soy una extraña mezcla de cinismo y cursilería, que ni yo misma entiendo.
Pero en mi lado emocional, pocas cosas me conmueven más que ver una pareja de ancianos tomados de la mano.
Es una imagen que te cuenta toda una historia.
Porque sabes que han pasado décadas y décadas juntos. Porque entiendes que ese largo camino estuvo lleno de desavenencias, de conflictos, de peleas, y aún así, siguieron adelante.
Porque aprendes que el verdadero amor puede sobrevivir al tiempo, a las heridas, a las mil y una dificultades de la conviviencia cotidiana.
Porque intuyes que amar es conceder, es aceptar, es perdonar y seguir.

Porque quisieras preguntarles cuál es su secreto y compartirlo con el mundo, con ese mundo de hoy donde el amor parece una sátira.



Así que en el interés de hacer un servicio social a ustedes, mis queridos lectores, en este Lunes de Inspiración, y a mí misma, porque en el amor "sólo sé que no se nada", hice una recopilación de diversos sitios de la red, para armar una lista final de 15 consejos de parejas de ancianos, para un amor duradero.

Aquí les va:

1. Tener siempre detalles y atenciones
2. Saber escuchar al otro, sus deseos e inquietudes
3. No descuidar la relación de pareja por los hijos
4. Procurar momentos para reír juntos
5. Aceptar a tu pareja tal y como es, no tratar de cambiarla
6. Dar, dar y dar, por el mero placer de ver a tu pareja  feliz
7. No dejar que los problemas crezcan como bola de nieve, comunicación ante todo
8. Buscar llegar a acuerdos, no ganar batallas. La relación de pareja no debe ser una lucha de poder
9. Apoyar a tu pareja en los momentos difíciles
10. Recordar que el amor es difícil. Esperar que todo sea alegría y felicidad sólo porque se aman uno al otro, como en las películas, es el camino seguro a llevarse muchas decepciones
11. Celebrar la relación, sí, incluso en días "tan comerciales", como San Valentín
12. Tener citas románticas, al menos dos veces al mes, para mantener la chispa viva, aunque estén casados y lleven mucho tiempo en la relación
13. Probar algo nuevo juntos
14. No pasar la línea de respeto en las discusiones, para evitar llegar a decir algo que dañe la relación irremediablemente
15. Aprender a pedir perdón. Esta simple palabra tiene el poder de arreglar muchos problemas, y a mucha gente le cuesta trabajo decirla



Por supuesto que todos estos consejos aplican en dos vías, cualquier relación en que sea sólo una persona la que hace el esfuerzo, fracasará tarde o temprano.
Pero es importante asegurarse de hacerlo, y si no funciona, al menos sabes que pusiste todo de tu parte, y entonces podrás seguir en la búsqueda de esa persona que complementará tu vida, y con la que te puedas ver en 20, o 40 años, caminando todavía juntos, de la mano.


Arrivederci


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